ALDEA LITERARIA
PAULA WINKLER

Receta

 

Mechar la carne con pedacitos bien provistos de anchoas. Salpimentar a gusto. Poner en una tinaja cincuenta gramos de manteca fresca y una cebolla. La cebolla debe cortarse con esfuerzo pero sin fruición. En tajadas finas, todo  sin llanto. Cocinar la carne sobre fuego moderado y evitar irrumpir en desaconsejable impaciencia. Tratar de alejar la carne del fuego antes de que se torne transparente o se extinga en el vapor del tormento. Agregar al preparado un sorbo de aceite y la cebolla. Calmarse. Si aún queda leche en la heladera, hervir medio litro sin temor a los accidentes. Mezclarla con un vaso de jerez -pueden ser dos vasos o tres, según la necesidad de olvidar triunfos  o de sustituir fracasos-. Colocar el preparado otra vez sobre fuego moderado y dar vuelta la carne de tanto en tanto. Cuando se la presienta tierna, retirarla y arrojarla  a una fuente como si se tratara del propio cuerpo que clama por un descanso después del ajetreo en un gimnasio. Mantener la carne caliente e incorporar al jugo de la tinaja antes pasada por tamiz, sin prejuicio- una tacita de harina y algo más de manteca si queda coraje- siempre revolviendo con cuchara de madera para evitar la formación desagradable de grumos. Cocinar sobre fuego, esta vez bajo. Hacerlo hasta que  la salsa espese y se torne untuosa. Sazonarla y sumarle la yema de un huevo, batida a discreción. Colocar la salsa en alguna salsera y bañar la carne. Acompañar con vino tinto y, si la ocasión es propicia, dejar servido el peceto sobre la mesa, aferrarse al sentido común, quitarse la blusa, arrojar lejos la falda y entregársele a él aproximadamente todas las veces que se pueda, para evitar que las mutuas salsas del matrimonio se marchiten.

Elmer Diktonius. Helsinki
“Niño en luz de estrellas”

 

Hay un niño,
un niño recién nacido -
un sonrosado niño recién nacido.


Y el niño gime -
todos los niños lo hacen.
Y la madre pone el niño al pecho:
entonces se calla.
Así hacen todos los hijos del hombre.


Y el tejado no está demasiado bien ajustado -
no todos los tejados lo están.
Y la estrella mete
su nariz de plata a través de la grieta
y se posa en la cabeza del pequeño:
a las estrellas les gustan los niños.

 

Y la madre mira la estrella
y comprende -
todas las madres comprenden.
Y aprieta asustada al niño pequeño
contra su pecho -
pero el niño mama tranquilo a la luz de las estrellas:
todos los niños maman a la luz de las estrellas.
Aún no sabe nada de la cruz:
ningún niño lo sabe.-

 

De: “Muelle y nubes” (1934)-

Traducción: Pentti Saaritsa-Mona Moltke-Francisco Uriz-Kirsti Bagetthun