ALDEA LITERARIA
PAULA WINKLER

 

Fantasmas en la balanza de la justicia, Paula Winkler

Moglia ediciones, 2017

 

Una mujer escribe en una casa vacía, en Buenos Aires, bajo la temperatura agobiante de enero. Fue abogada y fue jueza. Es madre. Es escritora. Ha transcurrido ya buena parte de su vida y aunque esté sola, está habitada de recuerdos: el relato sobre su padre alemán, el disidente, que cruzó el Atlántico para salvarse de los nazis;  la historia de su madre conflictiva; la familia que logró formar como un ancla o un refugio amoroso contra el horror del mundo. La memoria dicta palabras: derivan por su escritura las lenguas múltiples que maneja, los viajes que vienen de Europa y a ella vuelven, las raíces y los desarraigos, su juventud de estudiante en los 70, su graduación en una Facultad vaciada por el  miedo, mientras en el país el terror del Estado afilaba sus cuchillos. Preguntas, recuerdos, ironías, anécdotas, reflexiones jurídicas, filosóficas, de madre de una hija, de mujer que ama a un hombre, de jueza, de argentina, de extranjera constante que mira el mundo siempre un poco desde afuera.

Una mujer escribe y una vecina ominosa le golpea la puerta con reclamos incesantes, como si esos timbrazos concentraran el espanto de un mundo al que una persona sensible nunca termina de adaptarse.

Fantasmas en la balanza de la justicia es un libro donde la autoficción y la reflexión conviven con el testimonio y la resistencia. Paula Winkler, una mujer, escribe y está (aunque tenga amor, tenga hija, tenga amigos) radicalmente sola. Como siempre.


Elsa Drucaroff

En: www.vivilibros.com / info@vivilibros.com / www.facebook.com/vivilibros/ @vivilibros (Viviana Rosenzwit: viviana@vivilibros.com)

Elmer Diktonius. Helsinki
“Niño en luz de estrellas”

 

Hay un niño,
un niño recién nacido -
un sonrosado niño recién nacido.


Y el niño gime -
todos los niños lo hacen.
Y la madre pone el niño al pecho:
entonces se calla.
Así hacen todos los hijos del hombre.


Y el tejado no está demasiado bien ajustado -
no todos los tejados lo están.
Y la estrella mete
su nariz de plata a través de la grieta
y se posa en la cabeza del pequeño:
a las estrellas les gustan los niños.

 

Y la madre mira la estrella
y comprende -
todas las madres comprenden.
Y aprieta asustada al niño pequeño
contra su pecho -
pero el niño mama tranquilo a la luz de las estrellas:
todos los niños maman a la luz de las estrellas.
Aún no sabe nada de la cruz:
ningún niño lo sabe.-

 

De: “Muelle y nubes” (1934)-

Traducción: Pentti Saaritsa-Mona Moltke-Francisco Uriz-Kirsti Bagetthun